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LA VIRGEN DEL MARTIRIO Y LA REBELIÓN DE LA ALPUJARRA

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En relación con Ugíjar se refiere que acaso Estrabón en el siglo I antes de Cristo la cita como la ciudad de Ulyssea fundada por Ulises, en la cual se edificó un templo dedicado a la diosa Atenea y en cuyos muros el mítico Ulises habría dejado escudos y espolones de sus naves. Parece ser que en aquellos tiempos las arenas del río eran muy ricas en oro. Habiendo alcanzado esplendor durante la época nazarí, Ugíjar formó parte del feudo que conservó Boabdil tras su capitulación ante los Reyes Católicos. En esta localidad se encuentra la Iglesia de estilo mudéjar de la Virgen del Martirio, Patrona de Las Alpujarras, Iglesia que previamente se encontró dedicada a la anterior Patrona de la comarca, la Virgen del Rosario. El motivo del cambio de la advocación de la Virgen nos lo explica el acta municipal que se reproduce a continuación:

“En la villa de Ujíjar de la Alpuxarra en quince días del mes de septiembre de 1606 (...). En este cabildo se trató como en esta villa se tiene devoción con una Ymagen de Nuestra Señora del Martirio que está en la Iglesia mayor de ella la qual estando en esta Santa Iglesia antes del rebelión de este reyno en el, los moros la quitaron del sitio, y lugar donde estava, y con una soga de esparto a la garganta la trajeron arrastrando por las calles, y la echaron en el fuego para quemarla (...). Los moros prosiguiendo en su mal intento la echaron en un pozo donde estuvo quinze, o diez y seis años hasta que en efecto del dicho pozo se sacó sin estar corrupta ni maltratada la madera de la Bendita Ymagen la qual esta villa ha tenido, y tiene por Patrona, y Abogada, y por de mas desta a hecho otros milagros para continuación de la mucha debozion que esta villa y sus vecinos tienen y deseo de benerarla, y pareciendo que aviendola colocado, y puestola en el Altar mayor desta Santa Yglesia y échole todos los años una fiesta con la mayor solemnidad que a sido posible. Por que tan loable costumbre, y cosa tan acepta a los ojos de Dios Nuestro Señor que se honre, y sirva a su Bendita Madre no se pierda. Acordaron por si, y en nombre de toda esta villa a los del Concejo que la dicha fiesta se vote para que se cumpla (...) y prometieron a Dios Nuestro Señor y a su Bendita Madre que en cada año para agora, é para siempre jamás (...) se ha de hazer la fiesta de Nuestra Señora el primer lunes de octubre de cada año sin que se difiera ni deje pasar por ninguna causa.”

La leyenda añade que cuando se limpiaba el pozo, este se iluminó y se oyó una voz decir “Martirio es mi nombre”.

Luis de Mármol Carvajal, contemporáneo a los acontecimientos, en su “Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, nos ofrece una sobrecogedora descripción de las matanzas perpetradas por los sublevados nada más estallar el conflicto, crueldad que contagiaría a las fuerzas gubernamentales. En palabras del escritor Pedro Antonio de Alarcón, nacido en Guadix (1.833 - 1.891), "cuando estalló la rebelión de los Moriscos, había en Ugíjar una Alcaldía Mayor con jurisdicción en toda la tierra alpujarreña. Era entonces Alcalde el licenciado León y Abad mayor el Maestro D. Diego Pérez. Fueron monfies capitaneados aquella vez por Aben-Aboo, que tenía agravios que vengar de las autoridades civil y eclesiástica. Aben-Humeya que lo supo, y como gran amigo del abad y de otros cristianos de Ugíjar, viendo el peligro en que se hallaban montó a caballo en Válor y corrió aceleradamente a su defensa... Pero cuando llegó todo era tarde, el Abad, seis Canónigos, el Alcalde Mayor y doscientos treinta y dos cristianos más habían muerto degollados (…) Aben - Humeya lloraba piadosamente”.

Aquellos cristianos que sufrieron el odio de los sublevados, no sólo en Ugíjar, y que Francisco Zapata Pimentel (siglo XVII), citado por el padre Francisco Hitos en su libro de 1.934 "Mártires de La Alpujarra", cifra en más de 3.000, fueron llamados “Mártires de la rebelión" o "Mártires de la Alpujarra", por lo que la Virgen del Martirio, con su nombre, les recuerda. De los orígenes mitológicos apuntados por Estrabón no se han encontrado vestigios y de la virulencia de la rebelión ya no se habla, pero en el pueblo aun se conserva una pequeña ermita llamada el Pozo de la Virgen en cuyo interior se encuentra el pozo en el que se recuperó la talla de la Virgen. Atribuyéndole la piedad popular propiedades milagrosas a su agua, ha de recordarse a Tertuliano cuando dice “sanguis martyrum, semen christianorum!”, es decir, ¡la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos!

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 16 de Diciembre de 2.007

GINÉS PÉREZ DE HYTA Y SU DESCRIPCIÓN DE GRANADA

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Ginés Pérez de Hyta, o de Hita (1.544-1.619), fue un autor literario y zapatero posiblemente nacido en Mula (Murcia) que en relación con Granada escribió dos obras. La primera en 1.595 con el nombre de "Historia de los bandos de los Zegríes y de los Abencerrajes, caballeros moros de Granada, de las civiles guerras que hubo en ella hasta que el rey don Fernando el quinto la ganó". Posteriormente y tras haber participado Ginés en la guerra contra los moriscos sublevados en las Alpujarras escribió una segunda publicada en 1.609 y titulada "Guerras civiles de Granada y crueles bandos entre los convertidos moros y vecinos cristianos". Ambas obras se conocen hoy como dos partes de la que se denomina como "Guerras civiles de Granada"
Tomando la versión de "Guerras civiles de Granada por Ginés Perez de Hyta, vecino de Murcia. Dos partes en un tomo" en su edición de París de 1.847, en el capítulo I de la parte primera "en que se trata de la fundación de Granada, y los reyes que hubo en ella, con otras muchas cosas tocantes a la historia" se dice respecto de la ciudad que "fue fundada por una muy hermosa doncella, hija o sobrina del rey Hispan. Fue su fundación en una bella y espaciosa vega, junto de una sierra llamada Elvira, porque tomó el nombre de la fundadora Infanta, la cual se llamaba Liberia, dos leguas de donde ahora está, junto de un lugar que se llamaba Arbuler, que en arábigo se decía Arbulut. Después de pasados algunos años, les pareció a los fundadores que no estaban allí bien por ciertas causas, y fundaron la ciudad en la parte donde ahora está, junto a Sierra Nevada, en medio de dos hermosos ríos, el uno Genil y el otro Darro, los cuales son de nieve que se derrite en la sierra. De Darro se coge oro muy fino, de Genil plata, y no es fábula, que yo el autor de esta relación lo he visto coger. Fundóse aquí esta insigne ciudad encima de tres cerros, como hoy se parece, adonde se fundaron tres castillos: el uno está a la vista de la hermosa vega y el rio genil, la cual vega tiene ocho leguas de largo y cuatro de ancho, y por ella atraviesan otros dos rios, aunque no muy grandes: el uno se dice veiro y el otro Monachil (...) y esta fuerza se nombra Torres Bermejas. Hízose allí una gran población llamada el Antequeruela. La otra fuerza o castillo está en otro cerro junto á este, un poco más alto, la cual se llamó la Alhambra, casa muy fuerte, y aquí hicieron los reyes su casa real. La otra fuerza se hizo en otro cerro, no lejos del Alhambra, y llamóse Albaicín" (...) Entre el Albaicín y el Alhambra pasa por lo hondo el río Darro, haciendo una ribera de árboles agradables. A esta fundación no la llamaron los moradores de ella Iliberia como la otra, sino Granada, respecto á que en una cueva junto á Darro fué hallada una hermosa doncella que se decía Granata, y por eso se llamó la ciudad así; y después de corrompido el vocablo se llamó Granada. Otros dicen que por la muchedumbre de las casas, y la espesura que habia en ellas que estaban juntas como los granos de la granada, y la nombraron así. Hízose esta ciudad famosa, rica y populosa, hasta el infeliz tiempo en que el rey don Rodrigo perdió á España". Una vez establecida la dominación musulmana Ginés dice "que de todas las naciones moras que vinieron a España, los caballeros mejores y principales, y los más señalados de aquellos que siguieron al general Muza, se quedaron en Granada, y la causa fue su hermosura y fertilidad, pareciéndoles bien su gran riqueza, asiento y fundacion". Respecto a la monarquía granadina nos dice: "mas por no gastar tiempo, no diré sino de los reyes moros que por su órden la gobernaron, y fueron conocidos por reyes de ella, dejando á parte los califas pasados y señores que hubo, siguiendo á Esteban Gariba y yá Camaloa. / El 1er rey moro que Granada tuvo se llamó Mahomad Alhamar: este reinó en ella veinte y nueve años; acabó año de 1262".
Ginés escribió el "Libro de la población y hazañas de la ciudad de Lorca", "El bello troyano" y una adaptación en verso de la "Crónica troyana”. Su obra "Guerras civiles de Granada" gozó de gran aceptación y es considerada un antecedente de la novela histórica dentro del subgénero del Romancero Nuevo denominado Romance Morisco.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 7 de Diciembre de 2.007

EL CARBONERO ALCALDE

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En la localidad de La Peza hay un busto de un hombre de cabellos encrespados y largas patillas que nos recuerda al personaje televisivo de Curro Jiménez. El busto se sitúa sobre una gran base a modo de monolito y representa a Manuel Atienza, Alcalde de la localidad a la llegada de los invasores franceses. En la base del monumento reza la siguiente inscripción en letras mayúsculas "A MANUEL ATIENZA EL CARBONERO ALCALDE Y AL PUEBLO DE LA PEZA HONOR Y GLORIA EN RECUERDO DE LA HEROICA GESTA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EL 15 ABRIL 1810 EL MUNICIPIO DE LA PEZA ESTE MONUMENTO SE INAUGURO EL 17 MAYO 1995 SIENDO ALCALDE D MANUEL MAIQUEZ RODRIGUEZ". Una placa en el Tajo de Barruecos, donde se arrojó Manuel Atienza evitando ser capturado con vida por los franceses, lleva inscrita la frase “yo soy la villa de La Peza, que muere antes de entregarse”.

En 1.859, Pedro Antonio de Alarcón (1.833–1.891) nos contaba la gesta del carbonero Alcalde y de todos los vecinos de La Peza que el día 15 de Abril de 1.810 se enfrentaron contra las fuerzas francesas y ofrecieron ese día y 4 después ante una nueva operación de castigo una resistencia heroica. Pedro Antonio de Alarcón, nacido en Guadix en 1.833 a no mucha distancia de La Peza, narra la desigual lucha a la que se entregó toda la población de esta localidad. La Peza destacaba por la fabricación de carbón vegetal y hasta poco antes de la fecha del relato había sido un importante punto del camino viejo de Guadix a Granada, importancia que declinó al potenciarse la actual vía que atraviesa el Puerto de la Mora y sobre cuyo trazado pasa la actual autovía. Muestra de esa pasada importancia son las ruinas del castillo medieval que se conservan en la parte alta de un pueblo que hasta el siglo XVI había vivido fundamentalmente de la labranza y el pastoreo.

Retomando la historia del Carbonero Alcalde, dejemos que sean las palabras de Pedro Antonio de Alarcón las que nos expliquen aquellos hechos, de cuyo relato me he permitido entresacar los fragmentos más significativos. Nos cuenta el escritor que habiéndose asentado los invasores franceses en Guadix y esperándose que una columna de doscientos hombres se dirigiera a tomar posesión de la villa de La Peza, en ella “hallábanse cortadas todas sus avenidas por una muralla de troncos de encina y de otros árboles gigantescos, que la población en masa bajaba del monte vecino, y con los que formaba pilas no muy fáciles de superar” ofreciendo “aquel recio muro de madera (…) una especie de torre por el lado frontero al camino de Guadix, y encima de esta torre habían colocado los lapezeños (¡asómbrense ustedes!) cierto formidable cañón, fabricado por ellos mismos, y de que ha quedado imperecedera memoria; el cual consistía en un colosal tronco de encina ahuecado al fuego, ceñido con recias cuerdas y redoblados alambres, y cargado hasta la boca con no sé cuántas libras de pólvora y una infinidad de balas, piedras, pedazos de hierro viejo y otros proyectiles por el estilo”. Además de con el cañón, los lapezeños contaban escopetas, trabucos, cuchillos y poco más. Al frente de aquel grupo de vecinos figuraba como improvisado General el alcalde Manuel Atienza.

“Los doscientos lapezeños toman las armas y se forman en batalla enfrente del Ayuntamiento” por la llegada de los franceses y ante el grito de los congregados de “-¡Viva el señor alcalde!”, este responde “-¡Qué alcalde ni qué cuerno! ¡Viva Dios! ¡Viva Lapeza! ¡Viva la independencia española!”. (…) “Una vez cambiado este saludo de guerra, su merced ordena a Jacinto que toque un largo redoble; llama a su lado al pregonero y, por boca de éste, que repite una a una y hasta media a media las palabras del caudillo, pronuncia la siguiente proclama, no escrita: «Por noticias del tío Piorno se ha sabido que el enemigo de la patria viene hoy a Lapeza a conquistarnos y robarnos los bienes; y nosotros con la bendición del señor cura, y el auxilio de nuestra santa patrona la Virgen del Rosario, vamos a defendernos como buenos españoles y a mostrar a la ciudad de Guadix, que si ella se ha entregado al francés, los vecinos de Lapeza saben morir, como murieron los vecinos de Madrid el día Dos de Mayo, o vencer, como vencieron los vecinos de Bailén hace dos años; y, en su virtud, el alcalde hace saber a estos vecinos que el que no perezca en el presente día defendiendo su casa, será declarado mal español y traidor a la patria, y morirá, como corresponde, colgado de una encina de la sierra. Y para que conste, no sabiendo firmar, lo hace su merced con la cruz que acostumbra, de que certifica el infrascrito. ¡Viva Dios! ¡Viva la Virgen! ¡Viva España! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera Pepe Botellas! ¡Mueran los franceses! ¡Muera Godinot! ¡Mueran los traidores!».(…) “El cura bendecía y absolvía una vez más a sus animosos feligreses”, (…) “casi todas las mujeres rezaban en la iglesia; y en cuanto a los niños, habíase dispuesto aquella mañana mandarlos todos a lo alto de Sierra Nevada, a fin de que sus vidas no corriesen peligro, y pudieran servir, andando los años, para rechazar otra invasión extranjera”. En esto estaban cuando hacia las tres de la tarde “una nube de polvo indicó (…) la proximidad del enemigo” y ante el sonido de algunos tiros “los lapezeños saltaron de entusiasmo”, al mismo tiempo que se izaron “en la antigua fortaleza de los moros, y en el parapeto de encima, dos o tres banderas hechas con pañuelos negros” mientras que “las campanas tocaron a rebato; muchas viejas empezaron a gritar, y los mozos a lanzar silbidos; algunas piedras zumbaron en el espacio, y los escopetazos del camino oyéronse más frecuentes y más próximos”. Ante la proximidad de los franceses, Manuel Atienza dijo: “A ver, Jacinto, que suene ese tambor... ¡España y a ellos! ¡Viva la Virgen!”.Tras esto, los franceses hicieron un alto ante “una nube de piedras y de balas” y “un momento después contestaron éstos con una nutrida descarga, que dejó fuera de combate cinco lapezeños”. Esta situación hizo que el acalde ordenara el alto el fuego, y explicó a sus vecinos: “Están todavía muy lejos y tenemos poca pólvora. Dejémosles acercarse... Ya sabéis que el cañón se reserva para lo último, y que hasta que yo tire el sombrero no se le arrima la mecha. Ustedes, señores, a ver si se callan y cuidan de los heridos”. Habiéndose acercado la formación enemiga, “los peones se replegaron a los dos lados del camino, dejando paso a la caballería” y el alcalde exclamó: “-¡Fuego!”. Tras esto, “allí fue lo horrible. Allí fue lo inenarrable” porque “franceses y españoles dispararon sus armas a un mismo tiempo, sembrando la tierra de cadáveres: la caballería aprovechó este momento para llegar al pie de la muralla, presumiendo sin duda poderla saltar con sus impetuosos bridones; centenares de piedras derrumbaron a caballos y jinetes; éstos empezaron, por su parte, a degollar a mansalva, y en aquel supremo tumulto, en medio de aquel estrago, de aquel torbellino, de aquella confusión, he aquí que estalla, por último, el tremendo cañonazo, produciendo un estampido fragoroso y llevando la muerte a sitiados y sitiadores”. Aquello se debía a “que el cañón había reventado al tiempo de disparar” porque “la encina, hecha pedazos, vomitaba la metralla en todas direcciones, lo mismo hacia atrás que hacia adelante y por los costados, revuelta con mil fragmentos de madera”. Y como los franceses “ignoraban los medios de defensa que aún podían tener reservados aquellos demonios; como tampoco sabían su número, y como todo lo temían ya de ellos, pensaron en salvarse a toda prisa; y, desordenados, dispersos, atropellando la caballería a la infantería, y desoyendo los soldados las voces de sus jefes, emprendieron una retirada muy semejante a una fuga, perseguidos por los gañanes, que aún tenían a su disposición tres leguas cubiertas de proyectiles para sus hondas, y por algunos escopeteros a quienes quedaban cartuchos”. Para oprobio de los invasores, estos se retiraron “apedreados (…), fusilados, ennegrecidos por la pólvora, cubiertos de sangre, sudor y polvo, y habiendo dejado cien hombres en Lapeza y en el camino, entraron en Guadix, a las ocho de la noche, los vencedores de Egipto, Italia y Alemania, vencidos aquel día por una fuerza inferior de pastores y carboneros”.

La reacción francesa tuvo lugar cuatro días después cuando “salían con dirección a la villa gobernada por Atienza dos mil cuatrocientos hombres de todas armas, al mando de un oficial general, y con tantos víveres y municiones como si se tratara de sitiar una plaza fuerte”. Pero “a nadie encontraron por el camino: ni un tiro, ni una pedrada los recibió. Todo era silencio y soledad en la ensangrentada villa”. Así que pudieron comprobar que “la destruida muralla de troncos no había sido recompuesta, y las campanas no hacían señal de la llegada del enemigo”. Y los franceses sólo encontraron “algunas pobres mujeres, que habían bajado aquel día a dar una vuelta por sus abandonados hogares y en busca de víveres para los emigrados” en “los rincones de la iglesia, adonde se habían guarecido, creyendo que allí las respetarían los ilustres conquistadores”. Pero “a falta de varones fuertes que vencer, ofrecióles allí la pérfida fortuna míseras doncellas que ultrajar, inocencia que escarnecer, virtud que cubrir de oprobio y amargura”. Tras esto, “ufanos y satisfechos volvían hacia Guadix aquellos héroes, llevando, como únicos prisioneros hechos en aquella ruidosa expedición, un inerme anciano, decrépito y enfermo, que encontraron en una choza, y un tímido adolescente que lo cuidaba, cuando la noticia de lo que sucedía en sus hogares, divulgada en la sierra por alguna atribulada fugitiva, precipitó sobre el camino a los enfurecidos padres, hermanos y novios, que bajaban de las alturas como despeñados torrentes”. Unos cien lapezeños “a las órdenes de Atienza y los dos mil cuatrocientos expedicionarios franceses” se enfrentaron, y “una vez lanzado el reto y trabada la lid, los lapezeños empezaron a batirse en retirada (…) con el fin de internar a los enemigos en las fragosidades de la sierra”. Y “estos cometieron la imprudencia de caer en el lazo; y si bien es verdad que sus terribles armas casi concluyeron con aquel puñado de valientes, no lo es menos que compraron la vida de cada uno” a un alto precio. Emilio Atienza, arrinconado y conminado a rendirse, responde “¡Yo no me rindo! -dice-. ¡Yo soy la villa de Lapeza, que muere antes de entregarse!”, rompe el bastón de Alcalde “entre sus manos, lo arroja a la faz de los franceses, y él se precipita detrás, cayendo contra las peñas de un hondo barranco, donde sus huesos de bronce crujen al saltar hechos astillas”.

Cuando el general Godinot en Guadix sabe que sus fuerzas sólo han traído prisioneros un viejo y un muchacho “insiste en que sean ahorcados los dos débiles prisioneros”. Procediéndose con la orden “ataron una soga al cuello del niño, y lo arrojaron desde un mirador de la casa del Ayuntamiento a la Plaza Mayor de Guadix” pero la soga se rompió “y el niño cayó contra el empedrado”. Tras esto, “anudaron la parte rota, tornaron a subir a la pobre criatura, colgáronlo de nuevo, y la soga se volvió a romper”. De nuevo en el suelo tenía todos los huesos rotos aunque no había muerto. “Entonces un oficial de dragones, conmovido al mirar que se pensaba en colgarlo por tercera vez, llegóse al infeliz... y le deshizo la cabeza de un pistoletazo”. Respecto al anciano, “saciada de este modo, al menos por aquel día, la ferocidad de los vencedores, dignáronse perdonar”le. “Diéronle, pues, libertad, y el pobre viejo salió de la plaza corriendo y tambaleándose, y tomó el camino de su pueblo, donde murió de tristeza aquella misma noche” porque “¡el niño asesinado en Guadix... era su hijo!”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 5 de Enero de 2008

CELEBRACIÓN DE LA TOMA

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El símbolo que mejor resume la celebración que cada día 2 de Enero rememora la Toma de Granada es la tremolación del estandarte de los Reyes Católicos por parte del Concejal más joven de la Corporación municipal desde el balcón del Ayuntamiento en la Plaza del Carmen al tiempo que grita tres veces el nombre de la ciudad. Cada vez que el público congregado oye el nombre de la ciudad pronuncia un “¿qué?”. La tercera vez que se pronuncia el “¿qué?” responde el Concejal diciendo "por los ínclitos Reyes Católicos, don Fernando V de Aragón y doña Isabel I de Castilla. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Andalucía! ¡Viva Granada!". Tras estas palabras suena el himno nacional. A la Tremolación en el balcón del Ayuntamiento le ha precedido una misa en la Capilla Real donde se ha realizado una primera tremolación del estandarte, realmente una réplica de 1.616, y un desfile con presencia de miembros de la Corporación municipal y otros estamentos de la ciudad, incluyendo representaciones de la Iglesia Católica y de las Fuerzas Armadas, desfile que traslada desde la Capilla Real hasta el Ayuntamiento escoltado el pendón de los Reyes Católicos. El actual protocolo de la fiesta se instauró en 1.982 por obra del entonces gobierno municipal del PSOE, siendo el que perdura a pesar de que en años posteriores, buscando dotar a la ceremonia de contenidos nuevos, se han incluido numerosos elementos que no han logrado consolidarse. Entre otras cosas, durante los años 2.000 y 2.001 se cambió el nombre de la festividad por el de Día de Granada procediéndose a la lectura del Manifiesto por la Tolerancia, un texto consensuado entre el Ayuntamiento y varias organizaciones que no contó con el apoyo de la ciudadanía. Otras modificaciones puntuales que han desaparecido son las visitas a La Alhambra y a la estatua del Rey Boabdil en el Paseo del Violón. De todos los cambios el que sí se ha consolidado es la concentración de todos los actos sólo el día 2 cuando años atrás algunos de ellos tenían lugar el día 1.

La inmensa mayoría de la población granadina parece apoyar la celebración del Día de la Toma bajo la forma del protocolo de 1.982 y se ha volcado en los últimos años asistiendo a ella de manera cada vez más intensa. La acción de quienes proponen la supresión o modificación radical de la fiesta, fundamentalmente organizaciones y simpatizantes de izquierda, nacionalistas andalucistas y colectivos y simpatizantes islámicos, ha encontrado la concentración de grupos de extrema derecha que se congregan, junto al abundante público, ante el Ayuntamiento exhibiendo banderas españolas y símbolos asociados al régimen franquista y a la ultra derecha.

Andrés Bernáldez (hacia 1450 - 1513), conocido como el cura de los Palacios, fue un eclesiástico e historiador español que en su “Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel”, nos describe la capitulación de la Granada de Boabdil diciendo que: “el rey Muley Baudili, acompañado de muchos caballeros, con las llaves en las manos encima de un caballo” se dirigió al Rey Fernando dándole las llaves “e dijo: «Toma, Señor, las llaves de tu ciudad, que yo y los que estamos dentro somos tuyos», y el Rey don Fernando tomó las llaves y dióselas a la Reyna, y la Reyna se las dio al Príncipe, y el Príncipe se las dio al Conde de Tendilla, al qual, con el Duque de Escalona, Marqués de Villena, e con otros muchos caballeros e con tres mil de a caballo e dos mil espingarderos, envió entrar en la Alhambra e se apoderar de ella, e fueron, e entraron, e mostraron en la más alta torre primeramente el estandarte de Cristo, que fue la Santa Cruz, que el Rey traía siempre en la santa conquista consigo; e el Rey e la Reyna e el Príncipe e toda la hueste se humillaron a la Santa Cruz e dieron muchas gracias e loores a Nuestro Señor; e los Arzobispos e clerecía dijeron Te Deum Laudamus.”

Te Deum, expresión que previene del latín y significa “A ti, Dios”, son las palabras iniciales de un cántico que es uno de los primeros himnos cristianos, siendo tradicional de acción de gracias. Comienza diciendo, “Te Deum laudamus: / te Dominum confitemur. / Te aeternum patrem, / omnis terra veneratur”, es decir, “A Tí, oh Dios, te alabamos, / a Tí, Señor, te reconocemos. / A Tí, eterno Padre, / te venera toda la creación”. Y más adelante continúa diciendo: “Te per orbem terrarum / sancta confitetur Ecclesia”, es decir, “A Tí la Iglesia santa, / extendida por toda la tierra, te aclama”. Y respecto al papel en la conmemoración de la Toma de Granada por la Iglesia, en un artículo aparecido en el periódico Ideal de Granada el 2 de Enero de 1.999, el misionero y “Padre Blanco” José María Cantal Rivas dice que “seguramente, la misa del 2 de enero tuvo su razón de ser en una época en que la teocracia católica servía de vinculo identificativo de unión frente a la teocracia musulmana (al Sur) y, a los pocos años, a la teocracia protestante (al Norte). Si pudo tener una justificación en aquellos tiempos hoy en día, desde el punto de la espiritualidad eucarística y misionera, no tiene ninguna” .Y más adelante continúa: “Yo no sé si ha habido o hay una reflexión teológica seria, en nuestra facultad de teología y en la diócesis, sobre las implicaciones y deducciones pastorales y misioneras de la forma actual de la celebración de la toma, con una misa en la que la espada de Isabel la Católica es llevada por un compañero sacerdote (…) pero es mi deber de cristiano el alertar de una incoherencia. (…) Y es que, si la Iglesia es misionera por esencia (…) cualquier cosa que dificulte la misión” (y él entiende que estar presente en la ceremonia de la Toma una representación de la Iglesia Católica así lo hace) “afecta a la esencia de la Iglesia”. El “Padre Blanco” José María Cantal Rivas nos explica en su artículo que hoy no puede hablarse de Iglesia misionera con una espada y que la dimensión religiosa de la Toma debe ceder a otras valoraciones más acordes con los tiempos y sensibilidades actuales.

Los acontecimientos que sucedieron a la capitulación de Granada hasta la expulsión de los moriscos de toda España en 1.609, incluyendo los intentos gubernamentales de asimilarles a la población de confesión católica y las rebeliones musulmanas de 1.500 - 1.501 y 1.568 – 1.571 en el Reino de Granada, no pueden ser juzgados desde los valores del siglo presente si no desde la perspectiva de una época que en sus manifestaciones ordinarias nos parece hoy cruel y en la cual política y religión mantenían una estrecha relación que a los occidentales de nuestro tiempo nos resulta inaceptable. A mi entender, hoy, antes que fijarnos en la dimensión religiosa del hecho de la Toma debemos hacerlo en la política apreciando que a finales del siglo XV se vivía, tras un largo proceso de siglos, un enfrentamiento entre el naciente estado español compuesto o recompuesto sobre la unión de Castilla y Aragón y la previa fragmentación de los pueblos hispanos, fragmentación a través de la cual caminaron y se impusieron los Reinos cristianos con las ideas de Reconquista y unificación.

Obligado resulta recordar en estas breves líneas que a modo de pinceladas de fractura impresionista dibujan escenas e impresiones sobre la Toma de Granada a Francisco Ayala García-Duarte, el centenario pensador nacido en la ciudad en 1.906, el cual, en sus memorias publicadas desde 1.982 bajo el nombre de “Recuerdos y olvidos”, dice sobre la Toma de Granada: “No sé por qué, esa ceremonia, a la que nos llevaban como a una alegre diversión, me inundaba de tristeza. ¿Sería bastante para ese efecto el sentimentalismo, en gran medida literario, las nostalgias arábigas derramadas sobre mi imaginación infantil? ¿Bastarían esas cosas para hacerme amarga la conmemoración de la Toma de Granada por los Reyes Católicos, una amargura, por lo demás, nunca confesada a nadie?” Ese Ayala que vivió el exilio tras la Guerra Civil y que nos dice, refiriéndose a los vencedores de la contienda: “Yo, por mi parte, también me sentía venido a menos y me cuidé mucho de no hallarme presente en la investidura de los nuevos poderes, adornados con el yugo y las flechas de Isabel y Fernando, pues ahora no sería un simulacro, una simple ceremonia sólo penosa para la fantasía literaria de un niño, sino la atroz realidad a la que sucumbieron, entre tantísimos millares de víctimas, García Labella, Lorca y varios miembros de mi propia familia”.

Como he comentado unas líneas antes, considero que lo esencial de la Toma de Granada en 1.492, y lo que debe señalarse desde la intelectualidad y la clase política, es que marca de manera simbólica el final de ese confuso y largo período que denominamos Reconquista y el comienzo de la construcción del actual estado español sobre el soporte político de los reinos cristianos, no debiendo olvidarse que el proceso de Reconquista adscribe las tierras hispanas al ámbito de la cultura occidental y europea, occidentalidad y europeidad que aportan evidentes peculiaridades que nacen de la prolongada coexistencia, que no convivencia, de “las tres culturas”. Y esa compleja esencia, que no el credo católico, es el elemento que hoy debe recuperarse como fundamento del discurso de la idea de España. Cosa distinta son los ropajes con que en algunos momentos de nuestra historia reciente, y desde perspectivas encontradas entre sí, se han vestido estos hechos y conceptos para justificar discutibles interpretaciones de la historia de nuestro país, sus sentimientos religiosos y sus mitos fundacionales. Los tiempos presentes requieren que se rememore la Toma como un hecho político trascendental vaciándolo de significaciones religiosas en beneficio de las políticas porque la religión hace tiempo que en el mundo occidental debería ser exclusivamente una cuestión íntima y personal. Evidentemente, no todo es tan sencillo, pero conseguir esto sería seguramente un logro importante.

Curioso es recordar el repique de campana que el 2 de Enero se realiza desde la Torre de la Vela, la más alta de la Alcazaba de la Alhambra, y cómo la tradición popular asegura a la moza casadera y soltera que la haga repicar su emparejamiento a lo largo del nuevo año. Hoy día no son sólo mozas solteras si no también grupos de niños, jóvenes y turistas los que suben a disfrutar de parte de una fiesta que debe su origen a aquellos hechos de 1.492 que se comentan en este artículo. Como la campana es grande y pesada resulta necesario que a menudo tiren de la cuerda que la hará sonar varias personas como recordatorio de que en muchas ocasiones sólo aunando esfuerzos pueden conseguirse resultados.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 2 de Enero de 2.008.

Artículo publicado en el número de enero de 2011 en la revista GARNATA HISTORIA Y ACTUALIDAD

LAPEZA PROCLAMA LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA

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Pedro Antonio de Alarcón (1.833–1.891) nos describe al pueblo de Lapeza en armas esperando la llegada de los franceses. Su relato, de 1.859, bien sirve para reflejar el sentimiento de oposición que la presencia francesa encontró en amplios sectores de la población española. Como nos cuenta nuestro autor, “Los doscientos lapezeños toman las armas y se forman en batalla enfrente del Ayuntamiento” y ante el grito de los congregados de “-¡Viva el señor alcalde!”, este responde “-¡Qué alcalde ni qué cuerno! ¡Viva Dios! ¡Viva Lapeza! ¡Viva la independencia española!”. (…) “Una vez cambiado este saludo de guerra, su merced ordena a Jacinto que toque un largo redoble; llama a su lado al pregonero y, por boca de éste, que repite una a una y hasta media a media las palabras del caudillo, pronuncia la siguiente proclama, no escrita: «Por noticias del tío Piorno se ha sabido que el enemigo de la patria viene hoy a Lapeza a conquistarnos y robarnos los bienes; y nosotros con la bendición del señor cura, y el auxilio de nuestra santa patrona la Virgen del Rosario, vamos a defendernos como buenos españoles y a mostrar a la ciudad de Guadix, que si ella se ha entregado al francés, los vecinos de Lapeza saben morir, como murieron los vecinos de Madrid el día Dos de Mayo, o vencer, como vencieron los vecinos de Bailén hace dos años; y, en su virtud, el alcalde hace saber a estos vecinos que el que no perezca en el presente día defendiendo su casa, será declarado mal español y traidor a la patria, y morirá, como corresponde, colgado de una encina de la sierra. Y para que conste, no sabiendo firmar, lo hace su merced con la cruz que acostumbra, de que certifica el infrascrito. ¡Viva Dios! ¡Viva la Virgen! ¡Viva España! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera Pepe Botellas! ¡Mueran los franceses! ¡Muera Godinot! ¡Mueran los traidores!».(…) “El cura bendecía y absolvía una vez más a sus animosos feligreses”, (…) “casi todas las mujeres rezaban en la iglesia; y en cuanto a los niños, habíase dispuesto aquella mañana mandarlos todos a lo alto de Sierra Nevada, a fin de que sus vidas no corriesen peligro, y pudieran servir, andando los años, para rechazar otra invasión extranjera”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 8 de Julio de 2008

Posicionamiento

EL CARBONERO ALCALDE Y LA VENGANZA FRANCESA SOBRE LA PEZA

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Habiendo tenido que retirarse con sensibles pérdidas el contingente francés que había intentado tomar Lapeza, la reacción francesa tuvo lugar cuatro días después cuando, de acuerdo con las palabras de Pedro Antonio de Alarcón (1.833–1.891) “salían con dirección a la villa gobernada por Atienza dos mil cuatrocientos hombres de todas armas, al mando de un oficial general, y con tantos víveres y municiones como si se tratara de sitiar una plaza fuerte”. Pero “a nadie encontraron por el camino: ni un tiro, ni una pedrada los recibió. Todo era silencio y soledad en la ensangrentada villa”. Así que pudieron comprobar que “la destruida muralla de troncos no había sido recompuesta, y las campanas no hacían señal de la llegada del enemigo”. Y los franceses sólo encontraron “algunas pobres mujeres, que habían bajado aquel día a dar una vuelta por sus abandonados hogares y en busca de víveres para los emigrados” en “los rincones de la iglesia, adonde se habían guarecido, creyendo que allí las respetarían los ilustres conquistadores”. Pero “a falta de varones fuertes que vencer, ofrecióles allí la pérfida fortuna míseras doncellas que ultrajar, inocencia que escarnecer, virtud que cubrir de oprobio y amargura”. Tras esto, “ufanos y satisfechos volvían hacia Guadix aquellos héroes, llevando, como únicos prisioneros hechos en aquella ruidosa expedición, un inerme anciano, decrépito y enfermo, que encontraron en una choza, y un tímido adolescente que lo cuidaba, cuando la noticia de lo que sucedía en sus hogares, divulgada en la sierra por alguna atribulada fugitiva, precipitó sobre el camino a los enfurecidos padres, hermanos y novios, que bajaban de las alturas como despeñados torrentes”. Unos cien lapezeños “a las órdenes de Atienza y los dos mil cuatrocientos expedicionarios franceses” se enfrentaron, y “una vez lanzado el reto y trabada la lid, los lapezeños empezaron a batirse en retirada (…) con el fin de internar a los enemigos en las fragosidades de la sierra”. Y “estos cometieron la imprudencia de caer en el lazo; y si bien es verdad que sus terribles armas casi concluyeron con aquel puñado de valientes, no lo es menos que compraron la vida de cada uno” a un alto precio. Emilio Atienza, arrinconado y conminado a rendirse, responde “¡Yo no me rindo! -dice-. ¡Yo soy la villa de Lapeza, que muere antes de entregarse!”, rompe el bastón de Alcalde “entre sus manos, lo arroja a la faz de los franceses, y él se precipita detrás, cayendo contra las peñas de un hondo barranco, donde sus huesos de bronce crujen al saltar hechos astillas”.

Cuando el general Godinot en Guadix sabe que sus fuerzas sólo han traído prisioneros un viejo y un muchacho “insiste en que sean ahorcados los dos débiles prisioneros”. Procediéndose con la orden “ataron una soga al cuello del niño, y lo arrojaron desde un mirador de la casa del Ayuntamiento a la Plaza Mayor de Guadix” pero la soga se rompió “y el niño cayó contra el empedrado”. Tras esto, “anudaron la parte rota, tornaron a subir a la pobre criatura, colgáronlo de nuevo, y la soga se volvió a romper”. De nuevo en el suelo tenía todos los huesos rotos aunque no había muerto. “Entonces un oficial de dragones, conmovido al mirar que se pensaba en colgarlo por tercera vez, llegóse al infeliz... y le deshizo la cabeza de un pistoletazo”. Respecto al anciano, “saciada de este modo, al menos por aquel día, la ferocidad de los vencedores, dignáronse perdonar”le. “Diéronle, pues, libertad, y el pobre viejo salió de la plaza corriendo y tambaleándose, y tomó el camino de su pueblo, donde murió de tristeza aquella misma noche” porque “¡el niño asesinado en Guadix... era su hijo!”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 8 de Julio de 2008

EL CARBONERO ALCALDE Y LA REITRADA FRANCESA DE LA PEZA

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En la localidad de La Peza hay un busto de un hombre de cabellos encrespados y largas patillas que nos recuerda al personaje televisivo de Curro Jiménez. El busto se sitúa sobre una gran base a modo de monolito y representa a Manuel Atienza, Alcalde de la localidad a la llegada de los invasores franceses. En la base del monumento reza la siguiente inscripción en letras mayúsculas "A MANUEL ATIENZA EL CARBONERO ALCALDE Y AL PUEBLO DE LA PEZA HONOR Y GLORIA EN RECUERDO DE LA HEROICA GESTA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EL 15 ABRIL 1810 EL MUNICIPIO DE LA PEZA ESTE MONUMENTO SE INAUGURO EL 17 MAYO 1995 SIENDO ALCALDE D MANUEL MAIQUEZ RODRIGUEZ". Una placa en el Tajo de Barruecos, donde se arrojó Manuel Atienza evitando ser capturado con vida por los franceses, lleva inscrita la frase “yo soy la villa de La Peza, que muere antes de entregarse”.

En 1.859, Pedro Antonio de Alarcón (1.833–1.891) nos contaba la gesta del carbonero Alcalde y de todos los vecinos de La Peza que el día 15 de Abril de 1.810 se enfrentaron contra las fuerzas francesas y ofrecieron ese día y 4 después ante una nueva operación de castigo una resistencia heroica. Pedro Antonio de Alarcón, nacido en Guadix en 1.833 a no mucha distancia de La Peza, narra la desigual lucha a la que se entregó toda la población de esta localidad. Nos cuenta el escritor que habiéndose asentado los invasores franceses en Guadix y esperándose que una columna de doscientos hombres se dirigiera a tomar posesión de la villa de La Peza, en ella “hallábanse cortadas todas sus avenidas por una muralla de troncos de encina y de otros árboles gigantescos, que la población en masa bajaba del monte vecino, y con los que formaba pilas no muy fáciles de superar” ofreciendo “aquel recio muro de madera (…) una especie de torre por el lado frontero al camino de Guadix, y encima de esta torre habían colocado los lapezeños (¡asómbrense ustedes!) cierto formidable cañón, fabricado por ellos mismos, y de que ha quedado imperecedera memoria; el cual consistía en un colosal tronco de encina ahuecado al fuego, ceñido con recias cuerdas y redoblados alambres, y cargado hasta la boca con no sé cuántas libras de pólvora y una infinidad de balas, piedras, pedazos de hierro viejo y otros proyectiles por el estilo”. Además de con el cañón, los lapezeños contaban escopetas, trabucos, cuchillos y poco más. Al frente de aquel grupo de vecinos figuraba como improvisado General el alcalde Manuel Atienza.
Llegado al pueblo un destacamento de 200 francesas, “allí fue lo horrible. Allí fue lo inenarrable” porque “franceses y españoles dispararon sus armas a un mismo tiempo, sembrando la tierra de cadáveres: la caballería aprovechó este momento para llegar al pie de la muralla, presumiendo sin duda poderla saltar con sus impetuosos bridones; centenares de piedras derrumbaron a caballos y jinetes; éstos empezaron, por su parte, a degollar a mansalva, y en aquel supremo tumulto, en medio de aquel estrago, de aquel torbellino, de aquella confusión, he aquí que estalla, por último, el tremendo cañonazo, produciendo un estampido fragoroso y llevando la muerte a sitiados y sitiadores”. Sorprendidos, los atacantes se retiran “apedreados (…), fusilados, ennegrecidos por la pólvora, cubiertos de sangre, sudor y polvo, y habiendo dejado cien hombres en Lapeza y en el camino, entraron en Guadix, a las ocho de la noche, los vencedores de Egipto, Italia y Alemania, vencidos aquel día por una fuerza inferior de pastores y carboneros”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 8 de Julio de 2008

GRANADA, TIERRA SOÑADA POR MI

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“Granada / tierra soñada por mi / mi cantar se vuelve gitano / cuando es para ti” comienza diciendo una canción que en todo el mundo recuerda y representa a la ciudad, lleva por título su nombre y se ha convertido en su himno. Esta canción fue compuesta en los años 30 del siglo XX por Agustín Lara para el tenor Pedro Vargas Mata (1.906-1.989) a quien se llamaba el “Tenor de las Américas”. Agustín Lara, también conocido como el “Flaco de Oro”, cuyo auténtico nombre era el de Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano del Sagrado Corazón Alfonso de Jesús Lara y Aguirre del Pino, nació seguramente el 30 de Octubre de 1.897 en Ciudad de Méjico, aunque hay quien apunta otras fechas y lugares, y falleció el 6 de Noviembre de 1.970 en Ciudad de México. De talento precoz para la música parece que trabajó de niño en un burdel como músico a escondidas de su familia y que su padre, militar, al enterarse de ello hizo cuanto pudo porque ingresara en una academia militar de la que fue pronto expulsado. De mala salud, vuelto a la vida civil y con la paz posterior a la Revolución mejicana, el talento musical y el éxito profesional se instalarían poco a poco en su vida.

La canción continúa diciendo: “Mi cantar / hecho de fantasía / mi cantar / flor de melancolía / que yo te vengo a dar. / Granada tierra ensangrentada / en tardes de toros. / Mujer que conserva el embrujo / de los ojos moros. / De sueño rebelde y gitano / cubierto de flores / y beso tu boca de grana / jugosa manzana / que me habla de amores…”. En pocas palabras muchos de los tópicos que se superponen al nombre de Granada, toros y amor como los pueda haber en cualquier ciudad de media España o del Méjico de Agustín Lara y una alusión a sentimientos tales como la rebeldía, el amor o la melancolía que son referentes universales que sirven a casi cualquier invocación. ¿Y de qué melancolía nos habla? ¿La de quien habiendo conocido la ciudad la abandona? Debemos pensar esto porque resultaría triste y extraño pensar que en tan bella y alegre ciudad la gente viva con melancolía. ¿Y a qué fantasía alude? Bien parece que su cita sólo sea una llamada a la visión deformada de los viajeros y escritores románticos. Y volviendo sobre los toros y las granadinas, el compositor era apasionado de la fiesta de los toros y aunque ha sido calificado como un rendido admirador de la mujer española resultaría más adecuado decir que fue un empedernido mujeriego. Según Francisco Haghenbeck, autor de una biografía novelada sobre el artista aparecida en 2.007 y titulada “Solamente una vez. Toda la pasión y melancolía en la vida de Agustín Lara”, nuestro protagonista fue un genio de la música, mujeriego, bipolar y fumador de marihuana, que cultivó el mito sobre su figura, cambió la imagen de la música mexicana y nunca escribió una partitura musical porque no sabía y alguien debía hacerlo por él. Tocaba el piano de oído y de esta manera compuso más de 500 canciones. Enrique Heredia, apodado el “Negri” y nacido en Madrid en 1.972, es un cantante español de la familia gitana de tradición flamenca los Montoyita, de la que han surgido el tocaor Sabicas o la cantaora Estrella Morente. El “Negri” lanzó en 2.005 al mercado musical un trabajo bajo el título de “El último beso” que incluye diez piezas de Agustín Lara entre las que se encuentra “Granada” y se ha manifestado admirador de un personaje del que dice que componía de inspiración y de oído como los flamencos y al que considera como un cantaor.

Agustín Lara, muy popular en la España que tras la Guerra Civil de 1.936-1.939 se refugiaba en un folclorismo exacerbado, recibió amplio reconocimiento del régimen de Franco por sus canciones sobre ciudades y temas españoles. Se le nombró en 1.966 "Ciudadano Honorario de España" y en Madrid, una estatua erigida en 1.975 recuerda la figura del compositor. Por otra parte, parece sincero Agustín Lara cuando profesa su amor por España. Así, se cuenta que al llegar a España por primera vez en 1.964, tres décadas después de componer Granada, al bajar del avión se arrodilló, besó la tierra y dijo: "¡Hola madre! ¿Cómo has estado?".

La canción termina diciendo “Granada manola cantada / en coplas preciosas / no tengo otra cosa que darte / que un ramo de rosas. / De rosas de suave fragancia / que le dieran marco / a la Virgen morena. / Granada / tu tierra está llena / de lindas mujeres / de sangre y de sol. / De rosas de suave fragancia / que le dieran marco / a la Virgen morena. / Granada / tu tierra está llena / de lindas mujeres / de sangre y de sol”. Y si bien nadie va a discutir ahora la belleza de las granadinas podríamos preguntarnos si al hablar de la Virgen morena Agustín Lara se refiere a una como la de Montserrat o alude a las mujeres morenas de Granada. De ser válida la primera posibilidad sin duda el compositor incurre en error. De serlo la segunda el giro parece demasiado forzado, igual que cuando habla de las rosas, que si bien ampliamente presentes en la geografía española no son lo más característico del paisaje granadino; esto salvo que la alusión a la flor sea un símbolo y así haya que interpretar el resto de la canción, aunque la idea de una interpretación oculta del sentido de la canción no concuerdan ni con la obra ni la trayectoria del artista, por lo que habremos de quedarnos en su literalidad

Agustín Lara, en ese primer viaje a España de 1.964, dice: "No he venido a pisar la tierra de Granada sino a besarla con los labios y el corazón". El Ayuntamiento granadino, por Acuerdo del Pleno Extraordinario Municipal de 12 de Junio de 1.964, le nombra Hijo Adoptivo, cubre los gastos de alojamiento en el Hotel Alhambra Palace y le brinda una recepción en el Carmen de los Mártires en la cual se le entregan numerosos obsequios entre los que destacan una caja de taracea conteniendo tierra granadina y una batuta con empuñadura de plata. A la recepción sigue un homenaje popular en el Paseo de los Tristes aprovechando el escenario instalado durante las entonces recientemente celebradas fiestas del Corpus. Recuerdo del idilio entre la ciudad y el artista el 14 de Octubre de 1.997 se empleó en Granada un matasellos conmemorativo del centenario del nacimiento de Agustín Lara reproduciendo su perfil y la expresión "Hijo Adoptivo".

En suma, Agustín Lara, sin haber visitado la ciudad y sin seguramente haberse ilustrado sobre ella, nos ha legado una canción que como himno la representa y define ante el mundo. Quedémonos con lo mejor de la canción y de su autor. De este su sentido amor por España, de ella su sonoridad y que Granada es una tierra soñada y, para mi regocijo como varón y granadino, que es tierra de lindas mujeres. Supongo que en los años venideros muchos serán los que critiquen la letra de machismo, exaltación del maltrato a los animales, folclorismo inaceptable y muchas otras cosas.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 25 de Mayo de 2.008

SOBRE EL FORO ROMANO DEL ALBAICÍN

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SOBRE EL FORO ROMANO DEL ALBAICÍN

En el año 2.003, durante las obras de remodelación llevadas a cabo en el número 11 de la calle María de la Miel en el barrio del Albaicín, se encontraron restos de la plaza o foro de la ciudad romana de Iliberis, el Municipium Florentinum Iliberritanum. Los restos consistieron en elementos moldurados de grandes dimensiones que se piensa pudieron pertenecer a cornisas o algún tipo de ornamento arquitectónico similar, un trozo de fuste, varios sillares y diversas piezas alargadas que quizás fueran peldaños de escaleras. La existencia de este foro la señaló el Padre Juan de Flores y Oddouz en 1.754 en unas circunstancias tan especiales que han hecho olvidar el hallazgo. Flores, beneficiado de la Catedral de Granada, realizó excavaciones entre 1.754 y 1.763, y aunque hoy se admite que descubrió auténticos restos arqueológicos romanos se considera que magnificó la importancia del descubrimiento aportando falsificaciones arqueológicas. Los trabajos arqueológicos de Flores se realizaron en el entonces llamado huerto de Lopera, hoy Carmen de la Concepción, lugar donde han aparecido los elementos romanos comentados. El descubrimiento del fraude fue castigado judicialmente haciendo que las piezas auténticas quedaran sepultadas y que el Padre Flores fuera condenado a ocho años de reclusión en un monasterio, pena que sería posteriormente atenuada debido a problemas de salud. En apoyo de la existencia del asentamiento romano en el Albaicín puede señalarse la aparición en el año 1.993, durante unos trabajos de excavación en un solar del barrio, de varias monedas con la inscripción latina “FLORENTIA”.

Manuel Gómez-Moreno Martínez (1.870-1.970) en su obra “Misceláneas” publicada en Madrid el año 1.949 nos dice en relación con los descubrimientos del Padre Flores que “Lo descubierto era un edificio público romano de gran amplitud y no mezquina fábrica, donde espaciábase a cielo abierto un área enlosada de mármol, y sobre ella se distribuían estatuas con sus pedestales, que consignaban dedicaciones por el Municipio de Iliberri en honor de emperadores y patricios ilustres. Era, pues, el foro de la ciudad y, efectivamente, un fragmento de dintel allí desenterrado contiene estas palabras en elegantes caracteres del siglo II: ...FORI ET BASILICAE...BAECLIS ET POSTIBUS... Inscripción que, aproximadamente, hubo de repetirse en otro dintel, cuyo largo alcanza a 1,17 m., llevado a la Alhambra, donde se conserva, pero retalladas sus letras, que al parecer decían: SERGIUS PERSIUS OB HONOREM VI VIRATUS FORI ET BASILICAE III UCILLIS (¿) ET TRIBAECLIS ET POSTIBUS PECUNIA SUA EXORNATA DEDIT... La solería del foro era de mármol gris, de Sierra Elvira, en grandes piezas con buen orden; su límite oriental caía bajo una cortadura del terreno, formada para allanar la plaza, y se salvaba mediante una escalera de trece peldaños entre muros de piedra arenisca, que arrancaban de un pequeño zaguán con entrada desde el foro, provista de clásica decoración por ambos lados, compuesta de medias columnas y pilastras sobre altos pedestales y dos escalones, todo ello del mismo mármol. Cerrábala una puerta, cuyos quicios de bronce aún estaban en su sitio; y de los pedestales, que dibujó a gran escala Saravia, se han podido reconocer trozos de su cornisa y plinto subsistentes en el lugar mismo, hoy huerto de Lopera, contiguo a la placeta de las Minas. A la derecha de la misma puerta dos grandes basamentos moldurados, análogos a los que se ven en otros foros, y a la parte contraria, en alto, había un aposentillo, de 3,40 por 2,0 m., con solería y enchapaduras de mármol blanco, que se cerraba con una reja, fija en su escalón de entrada. Esta parte sobresalía con otros dos escalones respecto del foro, corriendo de oriente a poniente, y por allí había caídos trozos de fustes de caliza basta, estriados desde cierta altura y estucados, cuyo diámetro pasaba de sesenta centímetros. Muchos más restos de columnas y cornisas de diversos mármoles aparecieron; además, capiteles, especialmente unos como dóricos, con doble bocelón y sin ábaco, que fueron también dibujados. A la parte contraria, sobre las losas había zócalos de pedestales, redondos o cuadrados, para base de monumentos conmemorativos, pues allí estaban las inscripciones y estatuas de mármol, con dedicatorias del Municipio Iliberritano, como va dicho. Algunos muros se componían de sillares de arenisca puestos a soga y tizón, según aparejo usual en lo granadino vetusto”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

1 de Junio de 2.008

TÍTULO DE MARQUÉS DE MULHACÉN

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La Reina Regente María Cristina por medio del Real Despacho de 11 de Junio de 1.889 concede a Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero el Título de Marqués de Mulhacén. Se reproduce el texto íntegro:

“Real Despacho del Título de Marqués de Mulhacén, expedido a favor de Don Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero. Don Alfonso XIII por la gracia de Dios y la Constitución Rey de España y en su nombre y durante su menor edad la Reina regente del Reino. A Vos Don Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, Mariscal de Campo, Caballero Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos tercero, de la Real y Militar de San Hermenegildo, de la Real de Isabel la Católica, de la Civil de Maria Victoria y de las extranjeras de la Corona de Italia, de la Corona de Rumanía, de la Concepción de Villaviciosa de Portugal, Gran Oficial de la Legión de Honor de Francia, Comendador de la de Carlos tercero y de número de la de Isabel la Católica, condecorado con la de segunda clase de la Corona de Prusia y con la tercera clase del Medjidié de Turquía, Caballero Cruz y Placa de San Hermenegildo, de segunda clase del Mérito Militar con distintivo blanco, y de la de San Fernando de primera clase. Jefe superior de Administración civil, Director general del Instituto Geográfico y Estadístico, Vicepresidente de la Real Academia de Ciencias exactas físicas y naturales y Presidente de la Sección de exactas, Presidente de la Asociación geodésica internacional de los gobiernos para la medición de la Tierra, Presidente de la Comisión internacional de pesas y medidas de Europa, Asia y América, Presidente de la Comisión permanente de pesas y medidas de España, Individuo de la Real Academia de Ciencias naturales y Artes de Barcelona, Individuo honorario de la Real Academia de Ciencias de Berlín, Asociado de la Real Academia de Bélgica, Individuo corresponsal de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia e Individuo honorario de la Academia Nacional de Ciencias de la República Argentina. Ya sabéis que deseando daros una señalada prueba de Mi Real aprecio por los relevantes méritos contraídos en vuestra larga carrera organizando y dirigiendo con singular acierto el Instituto geográfico y Estadístico, enalteciendo a la Nación ante las demás de Europa y América por haber merecido de sus Delegados oficiales ocupar en elecciones sucesivas desde hace quince años la Presidencia de la Asociación geodésica internacional y la de la Comisión de pesas y medidas, vistas las elevadas calificaciones que de vuestros trabajos han hecho Corporaciones científicas y los Jurados de varios certámenes internacionales, a propuesta del Ministro de Fomento y de acuerdo con el Consejo de Ministros por Mi Real decreto de siete de febrero del corriente año tuve a bien haceros merced de Titulo del Reino con la denominación de Marqués de Mulhacén para vos, vuestros hijos y sucesores legítimos. Por tanto, mediante que tenéis satisfechas diez mil seiscientas cuarenta pesetas por el impuesto especial establecido según resulta de certificación librada por la Dirección general de Contribuciones, con fecha veintiocho del citado mes de febrero, he resuelto expedir el presente Real Despacho, por el cual es mi voluntad que vos el referido Don Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero vuestros hijos y sucesores legítimos varones y hembras por el orden de sucesión regular cada uno en su respectivo tiempo y lugar perpetuamente podáis usar y uséis el mencionado Título de Marqués de Mulhacén y que desde ahora en adelante con él os podáis llamar y titular. En su consecuencia, encargo a mi muy cara y amada hija la Princesa de Asturias, y mando a los Infantes, Prelados, Grandes y Títulos del Reino, Comendadores de las Ordenes Militares, Generales y Jefes del Ejército y Armada, Presidentes y Magistrados del Tribunal Supremo y de las Audiencias, Gobernadores de las Provincias, Jueces, Alcaldes, Ayuntamientos y demás Autoridades, Corporaciones y personas particulares a quienes corresponda, que os reciban y tengan por tal Marqués de Mulhacén como yo desde ahora os nombro y titulo, os guarden y hagan guardar todas las honras, preeminencias y prerrogativas que gozan y deben disfrutar los demás Títulos del reino así por derecho y leyes del mismo como por usos y costumbres, tan cumplidamente que no os falte cosa alguna, sin que para la perpetuidad de esta gracia, sea necesaria otro mandato, cédula ni licencia, pero con declaración de que cada uno de vuestros sucesores en la referida Dignidad para hacer uso de ella, queda obligado a obtener previamente carta de sucesión dentro del término señalado y en la forma establecida o que se estableciere. Y de este Real Despacho se ha de tomar razón en la oficina de Hacienda correspondiente, la cual expresará haberse satisfecho los derechos que se adeudan por su expedición, sin cuya formalidad será de ningún valor ni efecto. Dado en Aranjuez a once de junio de mil ochocientos ochenta y nueve”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 2008

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SAN CECILIO, LOS SIETE VARONES APOSTÓLICOS Y LOS LIBROS PLÚMBEOS

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Son muchos los que aceptan la visita de San Pablo Apóstol, muerto martirizado el año 67, a España entre los años 63 y 64. La visita la recogen San Clemente Romano en su Primera Carta a los Corintios, el que según la tradición fue el tercer sucesor de San Pedro y murió martirizado el año 97, unas actas apócrifas atribuidas a los apóstoles San Pedro y San Pablo y varios testimonios existentes en las Iglesias de Oriente y Occidente. El deseo de visitar España se encuentra en el capítulo 15 versículo 24 de la Carta a los Romanos de San Pablo al decir “cuando me dirija a España”.
Parece ser que en algún momento posterior a la visita de San Pablo, quizás entre 64 y 65, llegaron a España los siete Varones Apostólicos. Estos fueron los Santos Cecilio, que desarrolló su actividad apostólica en Iliberri (Elvira-Granada), Eufrasio en Iliturgi (Andújar), Hesichio en Carteia (Cazorla), Indalecio en Urci (Almería), Segundo en Abula (Abla), Tesifonte en Bergi (Berja) y Torcuato en Acci (Guadix). En la fachada principal de la Catedral de Guadix, en la provincia de Granada, pueden contemplarse las esculturas de San Pedro y los siete Varones Apostólicos, obra realizada en 1.992 por la escultora almeriense María de los Ángeles Lázaro Guil, nacida en Almería en 1.959.

Marcelino Menéndez Pelayo (1.856-1.912) en "Historia de los heterodoxos españoles" nos dice acerca de San Pablo y de los Varones Apostólicos que “De la predicación de San Pablo entre los españoles nada sabemos, aunque es tradición que el Apóstol desembarcó en Tarragona. (…) Algo y aun mucho debió de fructificar la santa palabra del antiguo Sáulo (1), y así encontraron abierto el camino los siete varones apostólicos, a quienes San Pedro envió a la Bética por los años de 64 ó 65. Fueron sus nombres Torcuato, Ctesifon, Indalecio, Eufrasio, Cecilio, Hesichio y Secundo. La historia, que con tanta fruición recuerda insípidas genealogías y lamentables hechos de armas, apenas tiene una página para aquellos héroes que llevaron a término en el suelo español la metamorfosis más prodigiosa y santa. (…) Poco sabemos, fuera de la conversión prestísima y en masa del pueblo de Acci, afirmada por el oficio mozárabe”.

Cecilio, que procedente de la expresión latina “caecus” que tiene en “caéculus” su diminutivo, es el nombre del primer Obispo de Ilíberis el cual pudo morir quemado en el Monte Illipulitano, según algunos en tiempos Nerón (nacido en 37 reinó desde 54 hasta su muerte en 68) y según otros al comienzo del reinado Domiciano (nacido en 51 reinó desde 81 hasta su muerte en 96), siendo los reinados de estos dos emperadores los que vieron las dos primeras de las diez persecuciones que se desataron en el Imperio romano contra los cristianos. San Cecilio sería el ciego, tal como su nombre representa en latín, sanado milagrosamente por el propio Jesucristo con barro y saliva en la piscina de Siloé, y sus supuestos restos óseos junto a unos discos de plomo, llamados libros plúmbeos, aparecieron en las Santas Cuevas del Sacromonte en 1.594. Como consecuencia de este descubrimiento se creó la Abadía del Sacromonte en el Monte Ilipulitano, lugar que habiéndose convertido en centro de peregrinación llegó a contar en sus alrededores unas 1.200 cruces de las que en la actualidad sólo quedan 4. La historia de los extraños hallazgos comienza unos años antes, el 18 de Marzo de 1.588, festividad del Arcángel San Gabriel al que se considera protector de los musulmanes, fecha en la que, durante las obras de la Catedral, y derribado el minarete de la antigua Mezquita aljama conocido como Torre Turpiana, unos obreros moriscos dijeron encontrar una caja de plomo que contenía un hueso, un lienzo triangular y un pergamino escrito en árabe, castellano y latín. El lienzo se decía ser un trozo del paño en el que, durante la Pasión de Cristo, la Virgen secara sus lágrimas, y el pergamino una profecía de San Juan sobre Mahoma, Lutero y el fin del mundo. En 1.594, en la colina de Valparaíso donde hoy se asienta la Abadía del Sacromonte y en el lugar que se conoce como las Santas Cuevas, unos buscadores de tesoros dicen descubrir huesos, cenizas y láminas de plomo escritas en latín en las que se narra la historia de mártires de la época de Nerón. Los hallazgos de láminas de plomo se suceden hasta 1.599 conteniendo revelaciones hechas por la Virgen y San Santiago a los Santos Cecilio y Tesifón, ambos de raza árabe, diciéndose que esta raza es muy querida por Dios y que San Santiago ofició misa en Granada; defendiéndose la Inmaculada Concepción de la Virgen y apuntándose una síntesis entre las doctrinas cristianas e islámicas. El Arzobispo de Granada Pedro de Castro y los Reyes Felipe II y Felipe III se pronunciaron a favor de la autenticidad de los hallazgos mientras que la Santa Sede declaró auténticas las reliquias y falsos los libros por haber sido escritos para dañar la religión y contener herejías.

Considerándose la ciudad salvada de una epidemia de peste en el año 1.600 mientras se celebraba el Concilio Diocesano que iba a decidir la autenticidad de las Sagradas Cenizas de San Cecilio y sus compañeros, los demás Varones Apostólicos, el Arzobispo de Granada declaró en 1.646 el 1 de Febrero como día festivo en honor de San Cecilio. Antes de serlo San Cecilio la Granada posterior a la Reconquista contó con el prelado del siglo IV San Gregorio de Ilíberis, también llamado San Gregorio Bético, como Santo Patrón de la ciudad. La festividad de San Cecilio se celebra en la actualidad el primer Domingo de Febrero con una romería a la Abadía, en la que, tras una misa, hay bailes y música repartiéndose las tradicionales habas, "saladillas" o pan salado típico de Granada y bacalao.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 1 de Julio de 2.008

(1) Saulo es Pablo

MÁS FEO QUE PICIO

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Picio, citado en varias producciones literarias a partir de mediados del siglo XIX, es sinónimo de fealdad asociado al nombre de un zapatero de Alhendín que viviera en la primera mitad de ese siglo aunque no se ha probado su existencia real.

El afrancesado español Sebastián de Miñano y Bedoya (1.779- 1.845) - que fue político, escritor, periodista, historiador y geógrafo -, en su obra "Sátiras y panfletos del Trienio Constitucional (1.820-1.823)" hace una mención a Picio como alusión de Antonio Alcalá Galiano (1.789-1.865), político liberal exaltado del que Pío Baroja (1.872-1.856) afirmó en su obra "Desde la última vuelta del camino" que era "reputado por su elocuencia y por su fealdad". El texto es el siguiente: "Pero aun esto no es nada, si se compara con el mal pago que has dado a aquel anciano Picio, orador de hierro, fundador de templos fortificados, perseguidor de nombres gloriosos, imitador del dulce Robespierre y pretendiente a dictaduras y regencias. ¿Cómo pudiste dudar de su ardiente amor a la justicia desde que le viste denunciar al propio alcaide de la prisión en que se hallaba por haber tenido la condescendencia de permitirle ciertos desahogos que él mismo había solicitado? ¿Qué juez no fue venal en su boca? ¿Qué eclesiástico no fue un hipócrita? ¿Qué militar no fue cobarde? ¿Qué diputado no fue débil? ¿Qué ministro no fue un pastelero?". Por la misma época el escritor y autor dramático Manuel Bretón de los Herreros (1.796 – 1.873) escribió los siguientes versos: “Soy más feo que Picio / y es mi mayor suplicio / gustar de la hermosura. / Si al fin por desventura / acepta alguna bella / mi amor, ¡tal será ella! / Capricornium me fecit, lo preveo. / Ay desgraciado del que nace feo”. En su obra de 1.874 "El sombrero de tres picos", Pedro Antonio de Alarcón (1.833-1.891), nacido en Guadix (Granada) nos dice que "El tío Lucas era más feo que Picio". José Antonio Pascual Rodríguez (nacido en 1.942), lingüista y Catedrático de Lengua española de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro de la Real Academia de la Lengua Española desde 2.002 como sillón “k” pronuncia, con ocasión de su ingreso, un discurso en el que se refiere a Benito Pérez Galdós (1.843-1.920) diciendo: “Esto ocurre en una novela que Galdós no llegó a rematar: Rosalía, y esos huéspedes se llaman Miss Sherrywine 'solterona y marimacho de cincuenta años […] inteligente en vinos y toda clase de licores', cuyo exquisito gusto en esta espiritosa materia sería probado más adelante; Mister Trifles: 'anticuario, rebuscador de vasijas, trozos de mosaicos, manuscritos, objetos prehistóricos, retazos de sepulcros, relicarios y demás preciosos objetos…', cuyo significado aclara el propio novelista en una nota en el manuscrito: 'Baratijas'; Mister Pimp y su esposa Mistress Pimp, 'ambos tan pequeños que parecían enanos'. ¿Se sorprenderá el lector de que se presente más adelante a Pedro Picio como 'un joven [...] de extrema fealdad'?”.

El paremiólogo (1) así como musicólogo, filólogo y sacerdote José María Sbarbi y Osuna (1.834- 1.910) nos contaba en su obra "Gran Diccionario de Refranes de la lengua española" que Picio, un zapatero natural de Alhendín que vivió a primeros del siglo XIX, fue condenado a la pena de muerte y que hallándose en capilla antes de ser ejecutado recibió la noticia del indulto causándole tal impresión que se quedó a poco sin pelo, cejas ni pestañas y con la cara tan deforme y llena de tumores que pasó a ser citado como modelo de fealdad más horrorosa. Sbarbi refiere haber hablado con personas que habían conocido a Picio, que este se mudó a Lanjarón y que de allí, fue expulsado por no entrar jamás en la Iglesia al no querer descubrir su cabeza y que marchó a Granada donde murió poco después. Se dice que cuando el cura iba a darle la extremaunción usó una caña porque debido a la fealdad del moribundo le aterraba acercarse. José María Iribarren (1.906-1.971), que además de paremiólogo (1) fue escritor, periodista, lexicógrafo y abogado, a pesar de dudar de la historicidad del personaje nos cuenta en su obra de 1.955 "El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades” que: "Para ponderar la fealdad de alguien, suele decirse que es ‘más feo que Picio, a quien de feo que era, le dieron la Unción con caña, por lo asustado que estaba el cura’”.

Puede pensarse que Picio no fue un personaje real si no inventado puesto que ni se tienen referencias biográficas del mismo ni se trata de un apellido usual en España. Por otro lado, en el País Vasco existe un carnavalesco Pitxu que presenta algunas coincidencias compartiendo la idea de muerte y resurrección propia del Carnaval que en el caso de Picio se han sustituido por una condena a muerte y un posterior indulto. Por otra parte, la anécdota del cura dando la extrema unción con una caña puede asociarse con algún personaje tal vez de de fiesta o de verbena.

Parece ser que Picio es otro nombre del dios al que los romanos llamaron Vulcano y los griegos Hefesto, dios del fuego y la forja, los metales y la metalurgia, de los herreros, artesanos y escultores, el cojo, feo y lisiado hijo de Zeus y Hera; dios que no es representado en “La Fragua de Vulcano” de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1.599-1.660) y otras obras como feo o deforme aunque sí se tuvo por tal en la Antigüedad; el mismo dios al que en la Iliada Janto, otro dios también, le ordena, a él cojo, aplacar el río que persigue a Aquiles, el de los pies ligeros.

En la provincia de Granada existe en La Alpujarra una entidad local llamada Picena, municipio independiente hasta que el año 1.975 se unió junto a Júbar, Laroles y Mairena constituyendo el nuevo municipio de Nevada. Quizás no sea descabellado pensar que Picena proceda del topónimo latino Piciana y este del nombre Picius. Curiosidades de Picena son su gentilicio, picineros, y que tenga igual Patrón que Granada, San Cecilio. Y curioso también es que durante las Fiestas de La Candelaria y San Cecilio, llamadas Fiestas de Inverno, el 31 de Enero, víspera de la festividad de San Cecilio, los hombres salen al campo para traer las matas con las que se alimentará una hoguera a la que se llama “chisco”. Una vez terminado el trabajo todos se reúnen, comen y beben, no faltando actos religiosos en honor a los santos ni actividades lúdicas como los juegos y verbenas.

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 2008

(1) La expresión Paremiología procede de las voces griegos “paroimía”, que significa proverbio, y logos, que podemos traducir por tratado, siendo así la disciplina que tiene por objeto de estudio los refranes, proverbios y aseveraciones que pretenden transmitir conocimientos procedentes de la experiencia popular. Esta disciplina cuenta con una dilatada tradición en España ya que los primeros compendios conocidos son del siglo XV.

Enlace a un artículo publicado en el periódico Ideal el 7/04/10 en el que se alude a este trabajo >>>

EL MARQUÉS DEL MULHACÉN (REDUCIDO)

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Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero fue un militar español nacido en Barcelona en 1.825 y muerto en Niza, Francia, en 1.891, que alcanzó el grado de General y se destacó por su labor científica en el campo de la Geodesia. Inventó el denominado "aparato Ibáñez", regla que sirve para medir bases, y escribió “Estudios sobre la nivelación geodésica”, publicado en 1.864, y “Enlace geodésico y astronómico de Europa y África”, trabajo publicado en 1.880 en el que se refiere al enlace de la red geodésica española con la argelina, logro científico que le valió el título de Marqués de Mulhacén. La medición que permitió el enlace geodésico se realizó sobre un arco de meridiano de 28º de amplitud propuesto por Carlos Ibáñez a la Asociación Geodésica Internacional en 1.866 que abarcaba desde las islas Shetland, en el Atlántico Norte y ligeramente por encima de los 60º de latitud norte, hasta el Sáhara en África. Los vértices geodésicos escogidos para efectuar desde ellos las correspondientes mediciones fueron en España Mulhacén y Tetica y en Argelia M’ Sabiha y Filhaoussen.
Las observaciones se hicieron entre los días 9 de Septiembre y 4 de Octubre de 1878 mientras el mal tiempo en el Mulhacén hostigó a los expedicionarios e impidió que durante el día pudieran verse las señales que desde África se transmitían reflejando la luz solar por medio de heliógrafos. En el Mulhacén, que se constituyó en la clave de la operación, la expedición se salvó del fracaso gracias a que se usaron de noche, entre penalidades - el 19 de Septiembre un rayo dañó algunos instrumentos - y bajas temperaturas, las luces y otros instrumentos alimentados por primitivos generadores eléctricos basados en el vapor. Finalmente el éxito coronó los esfuerzos y la Reina Regente María Cristina concedió a Carlos Ibáñez, por medio del Real Despacho de 11 de Junio de 1.889, el Título de Marqués de Mulhacén.

Posteriores desavenencias con el Ministro de Fomento y Conde de Xiquena José Álvarez de Toledo y Acuña (1.838-1.898) motivaron que el Marqués de Mulhacén pidiera permiso para dirigirse a Francia. Ya en Niza su salud, quebrada antes de abandonar España, se agota y fallece a causa de una neumonía el 28 de Enero de 1.891. Carente su familia de recursos económicos los gastos del sepelio corrieron a cuenta del Ministerio de la Guerra siendo el Gobierno francés el que le tributó los debidos honores militares. Tras esto el Gobierno español argumentó no poder trasladar los restos mortales razón por la que reposan en un cementerio en Niza. En el momento de escribir estas líneas a finales de Mayo de 2.008 en Granada hay una calle con el nombre de Mulhacén pero en Barcelona se encuentran la Plaza de Carlos Ibáñez y la Calle del Marqués de Mulhacén…

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 27 de Mayo de 2.008

EL MARQUÉS DE MULHACÉN

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Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero fue un militar español nacido en Barcelona en 1.825 y muerto en Niza, Francia, en 1.891, que alcanzó el grado de General y se destacó por su labor científica en el campo de la Geodesia. La Geodesia, expresión que procede de los términos griegos ge (γη), que significa tierra, y daiso (δαιζω), que viene a significar división, es tanto una rama de las Geociencias o Ciencias de la Tierra - esto es, aquellas ciencias relacionadas con el estudio del planeta Tierra - como una Ingeniería que se ocupa del levantamiento y representación de la forma y de la superficie terrestres. Carlos Ibáñez comenzó en 1.853 su participación en la elaboración de un mapa general de España y en 1.861 ingresó en la Academia de Ciencias. Entre los años 1.872 y 1.891 fue el primer Presidente de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas y fue también el primer Director del Instituto Geográfico y Estadístico desde 1.870 hasta 1.889, institución que, siguiendo sus propuestas, elaboró y publicó un mapa topográfico de España en escala 1:50.000. La importancia de ese mapa y su escala se comprenden al tener presente no sólo que en 1.866 se había adoptado la escala 1:100.000 para el mapa nacional si no también que en aquella época se consideraba que confeccionar el mapa de España a escala 1:50.000 era imposible debido a la superficie y relieve del territorio español. No obstante, en 1.875, y para sorpresa general, comenzó la publicación del mapa con la primera hoja, “Madrid-559”, un mapa y escala que con sus modificaciones han sido hasta 1.975 los usados por el Instituto Geográfico Nacional, fecha en que se adoptó la escala 1:25.000. Carlos Ibáñez inventó el denominado "aparato Ibáñez", regla que sirve para medir bases, y escribió “Estudios sobre la nivelación geodésica”, publicado en 1.864, y “Enlace geodésico y astronómico de Europa y África”, trabajo publicado en 1.880 en el que se refiere al enlace de la red geodésica española con la argelina, logro científico que le valió el título de Marqués de Mulhacén.


La medición que permitió el enlace geodésico se realizó sobre un arco de meridiano de 28º de amplitud propuesto por Carlos Ibáñez a la Asociación Geodésica Internacional en 1.866 que abarcaba desde las islas Shetland, en el Atlántico Norte y ligeramente por encima de los 60º de latitud norte, hasta el Sáhara en África. Los vértices geodésicos escogidos para efectuar desde ellos las correspondientes mediciones fueron en España Mulhacén y Tetica y en Argelia M’ Sabiha y Filhaoussen. Ya en 1.858 y durante la medición de la base de Madridejos comentó Carlos Ibáñez al Coronel de Ingenieros francés Aimé Laussedat (1.819-1.907), que había sido mandado como observador por su Gobierno, la conveniencia de que los Gobiernos español y francés estudiaran la realización del enlace geodésico y astronómico entre Europa y África. El Coronel Aimé Laussedat era un destacado científico que en 1.854 había sentado los fundamentos de la fotogrametría como disciplina científica en su artículo "Mémoire sur l’emploi de la chambre clair dans les reconnaissances topographiques" y del empleo del fototeodolito - híbrido de teodolito y cámara - y vino a observar las mediciones de Carlos Ibáñez cuando este había demostrado previamente la excepcional capacidad de sus métodos.

El Mulhacén, situado a 37º 03’ 12” de latitud norte y 0º 22’ 34” de longitud este del Meridiano de Madrid, que pertenece “a Sierra Nevada en la Cordillera Penibética, con una altitud de 3.482 metros sobre el nivel del mar es la montaña más alta de la Península Ibérica. Su nombre parece proceder del penúltimo Rey de la Granada musulmana, Muley Hacén ó Muley Abul Hassan ó Abu-l-Hasan 'Ali, del que dice la leyenda que fue enterrado en la cima de la montaña a que da nombre. Se cuenta que la bella Isabel de Solís, una noble cristiana hija del comendador de Martos Sancho Jiménez de Solís, fue llevada cautiva a La Alhambra y el Rey se enamoraría o quizás encapricharía de ella tan perdidamente que se descuidarían los asuntos de gobierno. Isabel se convirtió al Islam con el nombre de Zoraya, que significando en árabe “Lucero del Alba”, nombre que pudiera ser una alegoría de su legendaria belleza”. (Del artículo del mismo autor del que firma el presente titulado EL MULHACÉN Y EL LUCERO DEL ALBA).

Las tareas que debían llevarse a cabo para la consecución del enlace geodésico se encontraban recogidas en un convenio aceptado por españoles y franceses que planteaba la manera en que cada parte debía llevar a cabo las observaciones en sus territorios. Estas habrían de ser simultáneas en los cuatro vértices geodésicos empleando heliógrafos de día y luz eléctrica por la noche y haciéndose uso de idénticos instrumentos, maquinaria y métodos para reducir los errores. Las observaciones perseguían enlazar los cuatro vértices citados cerrar el polígono comprendido entre París, Madrid, Marsella y Argel gracias a observaciones astronómicas que se simultanearon. Por parte española dirigió la operación Carlos Ibáñez y por la francesa el Coronel Perrier (1.833-1.888), el cual en 1.868 había favorecido la instrumentación de la Geodesia con el empleo de los círculos acimutales.

En el Mulhacén fue preciso construir caminos y refugios para trasladar y alojar el personal y abundante equipo científico. Las observaciones se hicieron entre los días 9 de Septiembre y 4 de Octubre de 1878 mientras el mal tiempo hostigó a los expedicionarios e impidió que durante el día pudieran verse las señales que desde África se transmitían reflejando la luz solar por medio de heliógrafos. En el Mulhacén, que se constituyó en la clave de la operación, la expedición se salvó del fracaso gracias a que se usaron de noche, entre penalidades - el 19 de Septiembre un rayo dañó algunos instrumentos - y bajas temperaturas, las luces y otros instrumentos alimentados por primitivos generadores eléctricos basados en el vapor. Finalmente el éxito coronó los esfuerzos y la Reina Regente María Cristina concedió a Carlos Ibáñez, por medio del Real Despacho de 11 de Junio de 1.889, el Título de Marqués de Mulhacén.

Posteriores desavenencias con el Ministro de Fomento y Conde de Xiquena José Álvarez de Toledo y Acuña (1.838-1.898) motivaron que el Marqués de Mulhacén pidiera permiso para dirigirse a Francia. Ya en Niza su salud, quebrada antes de abandonar España, se agota y fallece a causa de una neumonía el 28 de Enero de 1.891. Carente su familia de recursos económicos los gastos del sepelio corrieron a cuenta del Ministerio de la Guerra siendo el Gobierno francés el que le tributó los debidos honores militares. Tras esto el Gobierno español argumentó no poder trasladar los restos mortales razón por la que reposan en un cementerio en Niza.

Necesaria resulta una breve reseña sobre la disputa suscitada en torno al Título de Marqués de Mulhacén. Heredado por el hijo de Carlos Ibáñez, en 1.964 lo reclamó José Antonio Vaca de Osma y Esteban de la Reguera, Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento en Ávila, argumentando que Carlos Ibáñez era primo cuarto de su bisabuelo. Poco después, pero ese mismo año, Albert Louis Dupont-Willemin lo reclama igualmente invocando ser bisnieto del primer Marqués, y en 1.965 Carlos Willemín Ibáñez de Ibero también alegando ser nieto. La situación se mantiene incierta y en 1.993 este último pretendiente se encuentra a punto de conseguir el Título después de que el Real Decreto 1.062/1.993, de 25 de Junio, rehabilitara el título de Marqués de Mulhacén a su favor, cosa que no consigue por cuestiones formales. En 1.999 la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España eleva al Ministerio de Justicia un acuerdo para la rehabilitación del Título a favor de Alberto Luís Henri Dupont-Willemin. El año siguiente el Consejo de Estado se manifiesta en el mismo sentido y se firma el Real Decreto 1.642/2.000 de 22 de Septiembre de rehabilitación del Título de Marqués de Mulhacén publicado en el Boletín Oficial del Estado número 245 de 12 de Octubre de 2.000 tras lo cual el Rey Juan Carlos I firma el correspondiente Real Despacho el día 21 de Noviembre de 2.000.

Carlos Ibáñez, que con la ciencia ayudó a unir dos continentes y conocer el globo terráqueo desde la cumbre cuyo nombre se tomó para darle el Título de Marqués, científico eminente, militar discreto, personaje distinguido olvidado por su Gobierno e ignorado por su país, enterrado en Francia tristemente ¡quién sabe si como Muley Hacén no deseara dormir el sueño eterno lejos de los mortales en las cumbres de Sierra Nevada y ante el Lucero del Alba! Obligado resulta preguntar si acaso no sería este el momento para que en la Granada cada día más volcada hacia la conmemoración del Milenio del Reino que Zawi ben Zirí creó en 1.012 se planteara rendir homenaje y recordar los logros del científico y Marqués de Mulhacén Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero. En el momento de escribir estas líneas a finales de Mayo de 2.008 en Granada hay una calle con el nombre de Mulhacén pero en Barcelona se encuentran la Plaza de Carlos Ibáñez y la Calle del Marqués de Mulhacén…

Gonzalo Antonio Gil del Águila
Granada, 25 de Mayo de 2.008

(1) Un heliógrafo es un aparato actualmente en desuso que sirve para hacer señales telegráficas bien usando la reflexión de los rayos solares sobre un espejo movible bien interponiendo una especie de persiana cuya diverso grado de apertura o cierre implica que los rayos lleguen y se reflejen o no en el espejo.

LOS ÚLTIMOS REYES NAZARÍES DE GRANADA VISTOS POR PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

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Hablando sobre los últimos Reyes nazaríes de Granada Pedro Antonio de Alarcón y Ariza (1.833 – 1.891) en “La Alpujarra: sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia nos dice respecto de la sepultura de Muley Hacén en un pico de Sierra Nevada al que desde entonces da nombre que: “cuentan la tradición y las historias, que, vencido y destronado el viejo MULEY HACEM por su indigno hijo, a quien la despechada AIXA, de áspero rostro y corazón de leona, había inspirado tan sacrílega usurpación; retirado con su fiel ZORAYA y con los hijos en ella habidos a un lugar escondido en las faldas de la Sierra; viéndose abandonado del resto del mundo, ciego, miserable, y próximo ya a la apetecida muerte, rogó a aquellas prendas de su alma que lo sepultasen en un paraje tan ignorado y solo, que no pudiese turbar nunca la paz de sus cenizas la vecindad de hombres vivos ni muertos; pues le causaban tal horror sus semejantes, que temía no dormir tranquilo si era enterrado cerca de otros cadáveres humanos”. Zoraya, que en lengua árabe significa “Lucero del Alba”, cuyo nombre antes de ser raptada en tierras cristianas y llevada cautiva a Granada donde se convirtió en la favorita de Muley Hacén era el de Isabel de Solís, y sus hijos cumplieron este deseo “sepultando los restos del infeliz MULEY HACEM en lo más alto de la Sierra, allí donde nunca”, como escribía Pedro Antonio de Alarcón en el siglo XIX ignorando la afluencia de excursionistas, turistas y esquiadores a las pistas nevadas, nunca, como decíamos, “posa el hombre su planta, ni llegan jamás los rumores de la vida”. Y Pedro Antonio asevera que “hasta la consumación de los siglos” ese sublime sarcófago estará protegido porque “los hielos suministraron la urna de cristal, pirámides de alabastro las sempiternas nieves, y perpetua ofrenda las nubes, respetuosamente agrupadas al pie de él, cual humo leve de quemado incienso”.

En relación con el puerto del Suspiro del Moro, que alcanza una altitud de 860 metros y se encuentra en el término municipal de Ogíjares en el camino de la costa, Pedro Antonio recuerda que Boabdil llegó a ese punto “una mañana de mediados de Enero”, siendo entre “las siete y las ocho, puesto que BOABDIL, según todos los historiadores, había salido de Santafé mucho antes de apuntar el alba, a fin de sustraer su ignominiosa partida a la humillante curiosidad de los pueblos de la Vega”, acompañado de “su adusta madre, su dulce y bella esposa MORAIMA, su tierno hijo (que había estado como rehén en el campo castellano, y a quien ISABEL LA CATÓLICA llamaba el Infantico y quería mucho), una hermana, cuya figura no determinan las historias, y algunos visires, palaciegos y criados”. Y dice el autor que “al llegar a aquella elevación (dice la Historia), BOABDIL refrenó su caballo y se detuvo embebecido mirando con emoción tristísima la ciudad de las hermosas torres, y centro en otro tiempo de su grandeza. El monarca infeliz alivió la amargura que rebosaba en su pecho derramando algunas lágrimas; y exclamando: "¡Allah Akbar! (¡Oh gran Dios!)", picó los ijares de su caballo y dio con hondos suspiros los últimos adioses a Granada. Se dice que AIXA, su magnánima madre, advirtió la debilidad del hijo y le reprendió diciendo: "Haces bien en llorar como mujer, ya que no has tenido valor para defenderte como hombre..."». Preciso es recordar que “ZORAYA (…) no pensó ni por un momento en acompañar a los proscritos, sino que ya se proporcionaba, para ella y para sus hijos CAD y NAZAR un porvenir mucho más cómodo en la corte de los cristianos, cuya Religión fue la primera y había de ser la última de aquella aprovechada beldad, tan conocida luego con el nombre de DOÑA ISABEL DE SOLÍS”.

Más adelante Pedro Antonio cita a Fray Prudencio de Sandoval, (1.553 – 1.620), clérigo benedictino e historiador que fue Obispo de Tuy entre 1.608 y 1.612 y Obispo de Pamplona entre 1.612 y su muerte en 1.620) y escribió “Vida y Hechos del Emperador Carlos V”, obra considerada como fuente fundamental para la comprensión de la época y a Fray Antonio de Guevara (1.480 – 1.545), eclesiástico y escritor muy popular en su época. Nos dice que “cuenta Fray Prudencio de Sandoval en su Historia del Emperador Carlos V, que cuando éste fue a Granada, en Junio de 1526, y vio la Alhambra por vez primera, exclamó generosamente: -«¡Desdichado el que tal perdió!» Y refiere Fray Antonio de Guevara, en sus Epístolas familiares, que, como él entonces le narrase cuánto gimió BOABDIL en aquella loma a que sus suspiros dieron nombre, y el duro apóstrofe de la implacable AIXA, el César replicó: «Muy gran razón tuvo la madre del Rey en decir lo que dijo, y ninguna tuvo el Rey su hijo en hacer lo que hizo; por que, si yo fuera él, o él fuera yo, antes tomara esta Alhambra por sepultura, que no vivir sin reino en el Alpujarra». Admirablemente hablado. Es muy verdad: BOABDIL no supo caer, lo cual es tanto más imperdonable, cuanto que al cabo demostró que sabía morir. Pero, pésele a CARLOS V, a las Artes y a las Letras, AIXA no tuvo razón para acusar a su hijo de no haber sabido defender su reino. Él lo había defendido espada en mano en cien combates, hasta que las discordias intestinas de su familia y de sus súbditos, atizadas precisamente por la misma rencorosa AIXA, así como el alternado auxilio que a cada bando moro prestaba al ejército cristiano, le hicieron desesperar de la victoria y sacrificarse para terminar la guerra. -Suum cuique.”. Y esta cita en latín de Pedro Antonio, suponiendo que debiera ser “suum cuique tribuere” querría decir “dar a cada uno lo suyo”.

El relato prosigue explicando que “LOS REYES CATÓLICOS aseguraban a BOABDIL, a su esposa, a su madre, a ZORAYA (la favorita de su padre) y a los hijos de ésta, todas las huertas, tierras, hazas, molinos, baños y heredamientos que constituían el Patrimonio real, con facultad de venderlos; afianzaban también a BOABDIL la posesión de sus bienes patrimoniales dentro y fuera de Granada, y le cedían por juro de heredad, para sí y sus descendientes (con la tácita condición de vivir en ellas), las tahas (distritos) de Berja, Dalias, Marchena, Boloduy, Lúchar, Andarax, Ugíjar, Órgiva, Jubiles, Ferreira o Ferreirola y Poqueira, (esto es, toda la Alpujarra y un poco más), con todos los pechos y derechos de sus pueblos (menos la fortaleza de Adra); y se obligaban, por último, a darle treinta mil castellanos de oro (unos cuatrocientos cuarenta mil reales)”. Pero “he aquí que los REYES CATÓLICOS juzgaron que la permanencia de BOABDIL en España podría ser inconveniente con el tiempo; y aunque ninguna queja abrigaban de él, ni respecto de sus pasos y conversaciones (que sabían diariamente, por tener comprado a su Ministro ABEN-COMIXA), propusiéronse obligarlo, ya que no podían compelerlo, a emigrar por siempre de nuestra tierra”. Y “a las primeras proposiciones que se le hicieron, en Diciembre del mismo año de 1492, fundadas en argumentos especiosos, para que vendiese sus bienes y se marchase a África, el príncipe islamita se alteró mucho y dio esta sentida respuesta: -«Yo he cedido un Reino para estar en paz, y no he de ir a otro ajeno a estar en cuestiones». Nos advierte nuestro narrador que Boabdil debió recordar la suerte de El Zagal, “otro príncipe de su propia sangre, que, como él, cedió un Reino (el de Guadix y Almería) a los REYES CATÓLICOS, a cambio de aquel mismo irrisorio Señorío de la Alpujarra; que, como él, residió algunos meses en aquella misma taha de Andarax (dos años hacía por entonces), y que, como él, viose también muy luego hostigado por sus Altezas para que les vendiese sus bienes y abandonase la tierra de España. MULEY ABDALÁ EL ZAGAL (pues dicho se está que de tan valeroso e infortunado príncipe se trata) hubo al fin de acceder a ello, y embarcose con todos sus tesoros (año y medio hacía a la sazón), poniendo el rumbo a la costa de Marruecos... Al desembarcar en aquella tierra, la besó, creyendo que le sería más propicia; pero el Califa de Fez, so pretexto de castigar sus rebeldías contra MULEY HACEM y contra BOABDIL, apoderose de él, lo sepultó en una mazmorra, robole todas sus riquezas, e hizo que el verdugo le quemase los ojos”. En esto, “COMIXA partió para Barcelona, donde, sin credenciales ni poderes de su amo, aunque en nombre suyo, y sin que nadie se diese por entendido de aquella concertada informalidad, el pérfido moro otorgó con FERNANDO e ISABEL una Escritura pública, por la que BOABDIL y las princesas les vendían todos sus Estados y bienes patrimoniales en la cantidad de nueve millones de maravedises, obligándose a dejar la tierra de España para no volver más a ella...” Tras esto, “cuando tornó COMIXA a la Alpujarra y dio a entender a BOABDIL lo que había hecho, tratando de demostrarle que le convenía ratificar aquel contrato, el Rey, furioso, tiró del alfanje, y hubiera cortado la cabeza a su fementido consejero, a no interponerse y salvarlo las personas allí presentes. Pero pasaron días... COMIXA, desde el lugar en que lo tenían resguardado de la cólera de su señor, inventaba mil alarmantes historias de intrigas, asechanzas y maquinaciones de los REYES CATÓLICOS contra BOABDIL, diciendo haberlas descubierto en su viaje a Barcelona; y con esto, y con los sustos naturales de las princesas, y sus lágrimas, y los consejos de toda aquella pequeña corte, que deseaba salir del protectorado de los cristianos, hubo bastante para que el príncipe, fácil y condescendiente de suyo, consintiera al cabo en ratificar la obra de su Ministro. Quedó, pues, concertado que la familia real musulmana se embarcaría en cuanto terminasen los calores de aquel mismo año de 1493. Durante los preparativos del viaje, murió de melancolía la excelente MORAIMA, la tierna esposa de BOABDIL”. Finalmente, “a primeros de octubre, BOABDIL su madre, su hermana, su hijo y algunos amigos y criados, salieron del puerto de Adra, en una carraca de Íñigo de Artieta”. Y hago un inciso en la narración para aclarar que Iñigo de Artieta fue un marino, militar, armador y comerciante contemporáneo Los Reyes Católicos y Boabdil nacido en la villa de Lekeitio, también conocida por Arteyta, cuyas fechas de nacimiento y muerte no se conocen con seguridad para continuar la cita literal: “mientras que en otra carraca genovesa y dos galeotas iban hasta mil ciento treinta moros más, que huían espontáneamente de la dominación castellana.” Nos cuenta el narrador que de manera bastante simbólica “al otro día, aquellos navegantes, que llevaban al suelo africano los tristes restos del Imperio muslímico-español, tocaron tierra en Caraza, a poca distancia de Melilla” y “¡Por allí volvía a entrar en África, al cabo de ochocientos años, desheredada y llorosa, la hueste aventurera de TARIC, después de haber sido señora de casi toda la Península Ibérica!” Boabdil se estableció en Fez “cuyo Califa era su pariente y amigo, y donde vivió treinta y tres años más, muy considerado y querido de aquel soberano y de todos los marroquíes, en un alcázar que hizo construir por el estilo del de la Alhambra (…). En 1526, precisamente el mismo año que CARLOS V hacía mención de BOABDIL en la Alhambra granadina, encontráronse a orillas del Guadal-Hawit (río de los Esclavos) las tropas del citado Califa de Fez, MULEY HAMET EL BENIMERIN, y las hordas bárbaras de los dos hermanos JARIFES, que le disputaban el trono, y que por cierto se lo ganaron en aquella jornada, fundando la actual dinastía de Marruecos. La batalla fue reñidísima, y en ella mandó parte de la vanguardia del ejército de MULEY HAMET un guerrero de encanecida barba y principalísimo porte, el cual hizo prodigios de valor y temeridad, hasta que al cabo hubo de sucumbir al número de los enemigos, muriendo bizarramente con todos los que iban a sus órdenes”. Muerto en la batalla, el cadáver “fue uno de los innumerables que arrastraron al mar las aguas del impetuoso río... Desventurado hasta después de muerto, sus cenizas no durmieron en la tierra. Era BOABDIL”. Y concluye diciendo ”¡Singular coincidencia! -Cuando los agarenos entraron en España, el último Rey godo, D. RODRIGO, cayó herido en las aguas del Guadalete, cuyas ondas arrastraron al mar su cadáver.- Ochocientos trece años después, el último Rey moro de España, BOABDIL, moría de la misma manera, y tenía también por sepultura los abismos del océano. ¡Qué cosas!”. Aun cuando Pedro Antonio da por válida la muerte del Rey Rodrigo en la batalla de Guadalete o de la Janda en 711 no existencia seguridad acerca de que muriese en la batalla y se le ha creído encontrar como Rey independiente en Lusitania mencionándose en la Crónica de Alfonso III la aparición de su tumba en Viseu, localidad de la actual Portugal.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 6 de Enero de 2.008

GRANADA, TIERRA SOÑADA POR MI (RESUMIDO)

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“Granada / tierra soñada por mi / mi cantar se vuelve gitano / cuando es para ti” comienza diciendo una canción que en todo el mundo recuerda y representa a la ciudad, lleva por título su nombre y se ha convertido en su himno. Esta canción fue compuesta en los años 30 del siglo XX por Agustín Lara para el tenor Pedro Vargas Mata (1.906-1.989) a quien se llamaba el “Tenor de las Américas”. Agustín Lara, también conocido como el “Flaco de Oro”, cuyo auténtico nombre era el de Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano del Sagrado Corazón Alfonso de Jesús Lara y Aguirre del Pino, nació seguramente el 30 de Octubre de 1.897 en Ciudad de Méjico, aunque hay quien apunta otras fechas y lugares, y falleció el 6 de Noviembre de 1.970 en Ciudad de México. De talento precoz para la música parece que trabajó de niño en un burdel como músico a escondidas de su familia y que su padre, militar, al enterarse de ello hizo cuanto pudo porque ingresara en una academia militar de la que fue pronto expulsado. De mala salud, vuelto a la vida civil y con la paz posterior a la Revolución mejicana, el talento musical y el éxito profesional se instalarían poco a poco en su vida. La canción continúa diciendo: “Mi cantar / hecho de fantasía / mi cantar / flor de melancolía / que yo te vengo a dar. / Granada tierra ensangrentada / en tardes de toros. / Mujer que conserva el embrujo / de los ojos moros. / De sueño rebelde y gitano / cubierto de flores / y beso tu boca de grana / jugosa manzana / que me habla de amores…”. Según Francisco Haghenbeck, autor de una biografía novelada sobre el artista aparecida en 2.007 y titulada “Solamente una vez. Toda la pasión y melancolía en la vida de Agustín Lara”, nuestro protagonista fue un genio de la música, mujeriego, bipolar y fumador de marihuana, que cultivó el mito sobre su figura, cambió la imagen de la música mexicana y nunca escribió una partitura musical porque no sabía y alguien debía hacerlo por él. Tocaba el piano de oído y de esta manera compuso más de 500 canciones.

Agustín Lara, muy popular en la España que tras la Guerra Civil de 1.936-1.939 se refugiaba en un folclorismo exacerbado, recibió amplio reconocimiento del régimen de Franco por sus canciones sobre ciudades y temas españoles. Se le nombró en 1.966 "Ciudadano Honorario de España" y en Madrid, una estatua erigida en 1.975 recuerda la figura del compositor. Por otra parte, parece sincero Agustín Lara cuando profesa su amor por España. Así, se cuenta que al llegar a España por primera vez en 1.964, tres décadas después de componer Granada, al bajar del avión se arrodilló, besó la tierra y dijo: "¡Hola madre! ¿Cómo has estado?". También dijo: "No he venido a pisar la tierra de Granada sino a besarla con los labios y el corazón". El Ayuntamiento granadino, por Acuerdo del Pleno Extraordinario Municipal de 12 de Junio de 1.964, le nombra Hijo Adoptivo, cubre los gastos de alojamiento en el Hotel Alhambra Palace y le brinda una recepción en el Carmen de los Mártires en la cual se le entregan numerosos obsequios entre los que destacan una caja de taracea conteniendo tierra granadina y una batuta con empuñadura de plata. A la recepción sigue un homenaje popular en el Paseo de los Tristes aprovechando el escenario instalado durante las entonces recientemente celebradas fiestas del Corpus. Recuerdo del idilio entre la ciudad y el artista el 14 de Octubre de 1.997 se empleó en Granada un matasellos conmemorativo del centenario del nacimiento de Agustín Lara reproduciendo su perfil y la expresión "Hijo Adoptivo".

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 27 de Mayo de 2.008